domingo, 6 de abril de 2014

Noche XVIII












Clasificar los libros
cuando apenas caen las sombras
de la noche es querer el primer amanecer
del universo que es como decir
tú y yo juntos al despuntar la aurora.

Luego la cena casi íntima llena
de ternura y pasión contenida.
¿Acaso pensaste comed y tomad
que este es mi cuerpo y vamos
a sentirnos
en uno transformados?
Pasos de un lento ocaso
inquietaron a mi alma. Escuché
tu voz de Fata Morgana
que me llevó a ese misterioso instante 
que hay entre el silencio y la palabra.

El deseo de estar juntos nos condujo
a ese lugar que de noche es un jardín
de Ávalon y de día un reino del samsara.
Esa noche el vuelo tu colibrí fue
áspero, doloroso y urgente.
¿En qué pensabas Amore?

Los ahogados gritos de tu éxtasis
me recordaron el clamor de la amada
en el Cantar de los Cantares.
El Hacedor en su fantástica nada
mira esa conjunción del ayer y el mañana
que es tu hoy... sonríe y vuelve
a darte las claves del ser o no ser...
Lo demás es un duelo entre tu razón
y los gritos reprimidos de tus sentidos.

                                                     22/03/2014

sábado, 15 de marzo de 2014

Noche XVII







Como en antiguas lunas lucía
negro traje apretado sobre su cuerpo.
Suave guante ajustado a las curvas
de su cintura y a la lujuria de sus pechos.

Mi memoria trae el recuerdo de otras
noches íntimas e inolvidables.
Noches por siempre en la historia
plural y celeste de su corazón.

Fueron otros momentos y otras
circunstancias del alma y el Amor.
Fueron horas dando vitalidad a nuestras
existencias marcadas por el hastío

y la cotidianidad que nos ahogaba
en el indetenible discurrir del tiempo
y de la vida, marcada por rotaciones
de amores y ocasos, desvelos y derrotas.

Esta vez la ofrenda no fue delirante
y profunda de otras veces. Sólo nos
dejamos llevar por un río de emoción
hacia el encuentro de nuestro centro.

Esa fue una noche sin pasado y sin
gloria, humilde como el sagrado Cáliz,
en espera de sus gotas doradas;
pero mágica, como la luna, la luz y tú…

                                                                                       05/03/2014


jueves, 20 de febrero de 2014

Balada de luz y sombra





Igual que en un verso de Dante,
la esperanza parece perdida.
Sin embargo, en esta hora
de falsas maniobras
y tensiones entre el corazón 
y el pensamiento,
vengo a decirte que te amo.

¿Cuántas veces te lo he dicho
en estos últimos años de indecisiones
sentimentales y vaguedades en el discurso?

No importa amor, de verdad
no importa, si no recuerdas 
las veces que te lo he dicho,
si olvidaste mis gestos para
elevarte al cielo y seas
la única estrella de mi bandera,
como tampoco importa 
si mis palabras no han
dejado huellas en tu historia.

Te amo a pesar de todo
porque sé que en lo más 
profundo de ti hay amaneceres 
de plenitud por vivir y noches de abril
con tu luz y grito de libertad.

No pudieron contigo 
los falsos profetas del amor,
ni esos forajidos del placer, 
invasores de tu cuerpo.

Me desespera verte allí,
en tu trópico absoluto, con el miedo
comiéndote los huesos y el alma
como un cancerbero.

Amada, no desvíes tu mirada…
Mira de frente, estoy aquí contigo,
quizás en tu hora más difícil,
atento a tus gestos, a tu voz,
tratando de entender 
esas variables existenciales que justifican
esa indiferencia tuya
por el presente y el incierto porvenir.

Te amo, te amo, patria mía…
Sí, a ti, Pequeña Venecia, cintura abrazada 
por el Orinoco, sé como eres porque
he vivido tu violencia, el furor
de tu ira, tu pena y hondo decaimiento…
Pero ya es tiempo de encontrarnos
para ir a la calle
donde una primavera caribe nos espera.

                              20 de febrero 2014 






sábado, 14 de diciembre de 2013

De regresos y regresiones















El regreso de la amada puede ser más triste
que su partida. Hay esperas que se mitigan
con solo imaginar encuentros en algún
diván persa, soñar con besos y abrazos
para borrar la dolorosa nostalgia de su
ausencia y sentir la ebriedad de su presencia.
Bienaventurado el que aguarda porque
su luz lo guiará por el borde del vacío
sintiendo al tiempo cubrir la nada y piensa
que con el regreso ya no habrá más
melancolías, hastíos ni regresiones.
  
Siempre hay un cambio en cada viaje
Tanto para el que va como para el que se queda.
El de ida suspende su realidad y entra
A un círculo para crecer o para quedarse allí,
En su Paraíso del Este, ya marchito para siempre,
O arrancar esas rosas feroces nacidas en un café
Y que perturban
Sus tristes sueños de libertad,
Sus reprimidas noches de pasiones
Y su llanto callado de negra soledad.

El que alza su mano para decir adiós,
imagina distancias imposibles de medir,
enloquecidos ocasos de perros
mordiendo horizontes de locura.
El que espera, construye su infierno
a la medida de su amor, fabula un retorno
espectacular y en su mente lo constante es
ese momento de llegada, con sabor a domingo
de gloria y a días que vendrían llenos de ternura
Y ofrendas para adornar al universo entero.

Hay un tiempo para la cotidianidad y otro para amar,
Hay un tiempo para plantar y otro para recoger.
Hay un tiempo para partir y otro para permanecer.
Pero hay regresos que en el fondo no son más
Que… otras despedidas.
                                                        Dic. 14 de 2013

domingo, 1 de diciembre de 2013

Cuerpos amantes






Poderosos horizontales y perfectos
Los cuerpos viven inventando
Teorías sobre el amor
Nadan a contracorriente
Abren los surcos de sus sentidos
Aturden las horas los días y las noches
Se indagan con desesperación se avolcanan
Recorren vastas regiones
De emociones y deseos que van y vienen
Como olas ardientes en un mar insatisfecho
Hay veces en que el deseo es un niño malcriado
Con padres arlequines
R e s p i r a c i ó n  
Ondas de calor aceleran signos vitales
El delta de Venus se contrae
Manos que se juntan y hacen un puño
Desafiando los mitos del destino
Rosas decapitadas en el alba o en el ocaso
Da lo mismo una sombra que otra
T e m b l o r e s
Lenguas recorriendo universos enteros
De pasión orgasmos en llamas
Q u e j i d o s
Como ecos de un mundo
De poetas poseídos y musas delirantes
Los cuerpos conocen lo profano y lo divino
R i t m o  f i n a l
Reposan entre sábanas sudorosas
El Ser flota en el vacío del silencio
Busca un latido del alma

Porque hay luz y alegría en cada ofrenda…

                                                             01/12/2013

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Te Extraño...



¿Cómo sabemos que extrañamos 
a la persona amada?
Cuando siempre damos un paso, 
a lo largo del día y pensamos en ella,
añorando los besos de sus labios,
las mágicas caricias de sus manos,
su voz de íntimos ritmos,
sus palabras de sabiduría
al expresarnos que nos ama 
y en un suspiro pareciera 
que se le incendia el alma.
Sí, la extrañamos cuando nos detenemos 
a contemplar la sagrada claridad 
de la mañana y afirmamos que al brillo
del astro rey le falta el destello de luz
que solo la amada 
de nuestro ser puede dar a todo
cuanto se mueve y vibra en la realidad.
Cuando al terminar el ciclo solar
sentimos la fatiga que nos agobia
y deseamos su presencia, su regazo, 
sus mimos, la energía de su cuerpo
que nos haga pensar en un renacer
lleno de posibilidades para conquistar
una ínsula o el reino de las hadas; 
cuando eso sucede... con intensidad
trascendente la extrañamos.
Y cuando cae la noche y no divisamos
en el infinito la estrella más brillante,
extrañamos a la amada con tal fuerza
que los ojos se nos llenan de lágrimas 
y sentimos estremecer nuestra alma 
porque la sabemos lejos y no sabemos
si piensa en nosotros o duerme y sueña
con nuestros besos y palabras 
que la desnudan con "te amo" y "te deseo".
Sí, la extrañamos cuando percibimos
estar incompletos y algo nos falta
y nos sentimos tan vacíos que tenemos
la fantasía de que nuestro corazón palpita
en su corazón, allá a lo lejos, en otro lugar.
Cuando extrañamos a la persona amada
parece que los días no pasan y el tiempo
se detiene. Cuando extrañamos a ese cielo
tan amado que es ella, la palabra permanece
en silencio y, dentro de nosotros, nacen ríos
de imágenes que nunca dirán
¡Cuánto la extrañamos..!

miércoles, 30 de octubre de 2013

Domingo 20, 4:30




Nadie sabe cómo fue la noche de amor
Que Ulises tuvo con Penélope, antes de partir
A Troya, ni las palabras que le dijo cuando
La dejó sola a merced del tiempo y de la gloria.

Desde entonces, hay una incertidumbre
En cada viaje que realizamos; bien sea 
Placentero o sentimental. Si es para
Los sentidos, la vivencia del goce y la dicha
Dejará su huella en la memoria.
Si es un vínculo ancestral que reclama
Nuestra presencia, abrimos surcos
En el corazón para no desesperarnos
Por el amor que dejamos.
El que se queda,
Hará su viaje duro y amargo
Al fondo de sí mismo, para meditar
En algún sueño irrecuperable
O en el beso ahogado en el alma
A la hora de la despedida.

Cuando amamos con adversidades,
Despedirnos en un terminal 
De pasajeros, es un acto de sinceridad
Y valor; aún más, si nos aferramos
A una máscara que no hemos podido
Quitarnos con el desamor...

Allí, entre el bullicio de la gente
Que inicia su jornada hacia Samarcanda
O Liliput, deseamos estar con la amada,
Hacer una síntesis de los últimos
Momentos vividos a su lado, 
Que nos lleve en lo más profundo 
De su existencia,
Decirle cuanto la amamos
Y la extrañaremos, dejarle sembrado
En el ánimo que el día de su retorno,
Ya no habrá más penas ni olvido.

Pero hay despedidas entre amantes 
Que son de hierro, con aires de funeral
Y fríos fulgores, que denotan una débil
Voluntad, amarrada a una psiquis 
Vagando en el recuerdo de su perversión.

Sí, en las despedidas hay vasos 
Comunicantes y metamorfosis
En acción. Nada sabemos que nos 
Deparan el azar o Dios en un viaje.
La alegría de poder hablarnos,
En el espacio virtual es una bálsamo
Para una herida que no se cansa de doler.
Sin embargo,  a veces se convierte
En pájaro ciego que no puede volar
Con elegancia.
El silencio y la indiferencia pudieran
Ser indicio de nuestro yo hundido
En vacíos, dudas y fracasos vitales...
                                                     29 de octubre de 2013